Al margen de toda la fiesta que se vivió este domingo con la consagración de Juv. Sarmiento en Hasenkamp con el campeonato de Paraná Campaña, existieron elementos que desdibujaron la jornada sobre todo en materia organizativa.
1) Cuando ingresó Sarmiento al terreno de juego, una de las tribunas ocupadas por público local se desplomó. Por fortuna, más allá de los golpes, nadie resultó seriamente herido. Ahora bien, ¿quién se encarga del armado de las mismas? ¿quién fiscaliza el estado de los tablones o hierros que componen las gradas? Podría haber resultado una tragedia, ¿qué hubiese ocurrido entonces?.
2) En el propio ingreso de los jugadores locales, cada uno con un niño en brazos, se demoró mucho más de la cuenta su posición para la clásica foto para quienes estaban reporteando el encuentro. Este aspecto se vio entorpecido con la presencia de decenas de intrusos con cámaras domésticas con el fin de llevarse un recuerdo familiar. Nunca se había visto esto en una final liguista. Particulares que estuvieron en el campo sin ninguna acreditación y sin motivo alguno de representar a los medios que estaban cubriendo el cotejo. Una pena, algo que ensució la formalidad de cada final, algo que se puede evitar muy fácilmente: que quienes se ocupan de controlar el ingreso a la cancha, lo hagan. Nada más que eso.
3) Seguramente lo más penoso y grave fue lo que aconteció minutos antes del final del partido. Ramón Rodríguez, defensor de Atlético María Grande cayó con todo su cuerpo sobre el costado izquierdo del tórax tras saltar a pelear una pelota de cabeza. Por este motivo, quedó inmóvil en el suelo y cuando se pidió asistencia médica NO HABÍA. Algo que se exige reglamentariamente a cada entidad deportiva de esta competencia: médico y ambulancia. Debió ingresar un profesional que estaba como simpatizante en la hinchada visitante. ¿Acaso nadie puede observar o controlar que las cosas estén en orden para que esto no suceda? ¿Qué sanción le cabrá a Sarmiento por esto? Vergonzoso.
Por Mauricio Jacob